PREVENIR NO PUEDE SER SOLAMENTE RECORDAR FECHAS

Por Mario Barberán, Secretario General de la Federación Entrerriana de Sindicatos de Trabajadores Municipales

Hay temas que como sociedad no podemos permitirnos abordar solamente cuando una fecha del calendario nos recuerda que existen. El suicidio es uno de ellos. Cada septiembre, el color amarillo nos invita a hablar, sensibilizar y generar conciencia. Pero la verdadera prevención comienza cuando esa conversación deja de ser excepcional y se transforma en una política permanente de cuidado, acompañamiento y responsabilidad colectiva. Este tema no solo nos debiera preocupar, sino ocupar. Entre Ríos tiene razones concretas para asumir este desafío. Los números son contundentes y deberían interpelarnos a todos. Durante 2024, según los datos oficiales de Seguridad Pública se registraron en nuestra provincia 263 suicidios, que representan aproximadamente el 6,2% de los 4.249 registrados en todo el país. Pero hay un dato todavía más preocupante: la tasa entrerriana alcanzó 19,1 casos cada 100.000 habitantes, frente a una tasa nacional de 9,8. Es decir, nuestra provincia prácticamente duplica el promedio argentino.

Estos no son sólo números o cifras, son personas que nos faltan y que no supimos contener. No estamos frente a una problemática nueva ni circunstancial. Entre Ríos viene ocupando desde hace años lugares preocupantes en las estadísticas nacionales. Ya en 2019 se advertía que nuestra provincia presentaba una de las tasas más elevadas del país, cercana a 20 cada 100.000 habitantes. Estos datos muestran que no alcanza con reaccionar frente a una tragedia: necesitamos anticiparnos.Por eso, hablar de prevención significa mucho más que colocar un lazo amarillo, publicar una placa en las redes sociales o recordar una fecha internacional. Esas acciones son valiosas, porque ayudan a visibilizar. Pero deben ser el comienzo de una conversación colectiva, un punto de partida y no su punto final.Necesitamos campañas de comunicación integrales, sostenidas durante todo el año, que permitan derribar prejuicios, promover la escucha y acercar información confiable.

Necesitamos que la publicidad denominada social, no sean esporádicas, sino continuas. Necesitamos que las escuelas, los sindicatos, los municipios, los clubes, las organizaciones sociales, los medios de comunicación y las instituciones de salud puedan formar parte de una verdadera red de prevención.También necesitamos algo tan sencillo de decir como difícil de garantizar: acompañamiento. Acompañar significa escuchar sin juzgar, prestar atención a las señales de sufrimiento, saber dónde recurrir y garantizar que quien atraviesa una situación de crisis no quede solo.

La prevención requiere equipos preparados, dispositivos accesibles y continuidad en la atención. La propia política sanitaria nacional reconoce la importancia de la detección temprana, la atención en crisis, el seguimiento y la derivación asistida como herramientas fundamentales.Desde la Federación Entrerriana de Sindicatos de Trabajadores Municipales (FESTRAM) sabemos que el trabajo también es un espacio donde debemos construir prevención. Los trabajadores y trabajadoras municipales están en contacto cotidiano con la comunidad y muchas veces son quienes primero conocen las dificultades que atraviesa una familia, un compañero o un vecino. Por eso, capacitar, sensibilizar y generar herramientas de acompañamiento también es una responsabilidad gremial.Pero hay otra responsabilidad que no podemos eludir: la responsabilidad de quienes tenemos la posibilidad de hablar públicamente.Los dirigentes políticos, sindicales, sociales y comunitarios debemos comprender que nuestras palabras tienen consecuencias.

En momentos de angustia social, incertidumbre o desesperanza, una frase irresponsable, una expresión agresiva o una simplificación peligrosa puede tener un impacto que nunca conoceremos completamente.Por eso, cuando desde el escenario nacional se pronuncian determinadas frases livianas o peligrosas, no podemos naturalizarlas. No se trata de censurar el debate ni de impedir la crítica. Se trata de entender que quienes tenemos responsabilidades públicas debemos medir nuestras palabras, porque detrás de cada declaración hay personas que escuchan, que atraviesan situaciones difíciles y que pueden encontrarse en una enorme vulnerabilidad. Una palabra puede contener. Una palabra puede abrir una puerta. Pero también una palabra irresponsable puede profundizar el dolor.Por eso sostengo que prevenir el suicidio tiene que ser un accionar y no un simple recordatorio. Que septiembre nos ayude a hablar, pero que octubre, noviembre y cada uno de los meses del año nos encuentren trabajando.Porque detrás de cada cifra hay una persona, una familia, compañeros de trabajo, amigos y una comunidad que queda marcada para siempre. Prevenir es escuchar. Es acompañar. Es estar presentes.Y también es asumir que, cuando tenemos responsabilidades frente a otros, cada palabra importa.

Hoy, más que nunca, ¡ESTAMOS JUNTOS!

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